Visita al yacimiento arqueológico de los Millares, en Almería

La mañana del 30 de mayo nos dispusimos a visitar el yacimiento arqueológico de los Millares, en la provincia de Almería. Con una antigüedad de casi 5.000 años, se trata de uno de los yacimientos neolíticos más importantes de la prehistoria europea. A nivel internacional esta considerado como el más importante de los yacimientos europeos de la Edad del Cobre)

Fue descubierta en 1891 por el ingeniero de minas, Luis Siret, gran aficionado a las antigüedades, que observó extraños restos arqueológicos que afloraban por todas partes en las tierras de Andalucía Oriental. Fue quien realizo las primeras excavaciones y también definió la provincia de Almería como un inmenso museo prehistórico al aire libre.

Comenzamos en el Centro de Interpretación con una explicación sobre la maqueta que compone todo el recinto  arqueológico y también con la visualización de un video explicativo muy interesante sobre el Fortín 1.

Después nos dispusimos a caminar por un sendero que conduce al yacimiento. En ambos lados del camino se podía apreciar los túmulos de las tumbas de la necrópolis aun sin excavar. Poco a poco, nos fuimos acercando a una zona donde encontramos numerosos “tholos” ya excavados y que dejaban ver sus estructuras de construcción. Aquí, el colaborador Mario Abad Flores nos hizo una amena exposición de estas tumbas neolíticas. Se trata de una necrópolis de más de 100 tumbas de falsa cúpula para enterramientos colectivos. 

Continuamos nuestro recorrido hasta llegar a la primera muralla, la ultima en construirse. Esta muralla tenía dos entradas: una puerta principal al poblado compuesta por barbacanas y troneras; a su derecha hay otro gran lienzo de muralla que nos lleva hasta la puerta sur. Esta considerada la muralla más larga de su época, de la Europa del Cobre, pues tenía entre cinco y seis metros de altura, aproximadamente, el grosor de sus muros era de casi 2 metros y 310 mts de longitud. Así mismo, tenían bastiones o torres semicirculares a intervalos regulares de cada 12 o 15 mts.

Era un poblado que estaba muy bien protegido por sus cuatro líneas de murallas y también por la decena de fortines avanzados instalados en las colinas próximas que rodean la meseta en la que se asienta el poblado.

Nuestro grupo estaba cada vez más animado, disfrutábamos del recorrido por este paisaje, árido en la actualidad y que en otro tiempo fue una tierra fértil. Era difícil imaginar que estuvo lleno de arboles del mediterráneo, de arbustos como el ventisco y el acebuche, de matorrales como el romero y arboles como el fresno, sauces, pinos y álamos.

Poco a poco fuimos pasando por las distintas murallas que componían esta ciudad y que se fueron construyendo en la medida en que crecía la población. En el interior del poblado vimos una acequia para el abastecimiento de agua al poblado, restos de cabañas circulares, molinos de piedra, silos excavados en el suelo y una cisterna para almacenar agua, y también un taller de metalurgia para del Cobre; de este último se han encontrado en las excavaciones materiales como crisoles para fundir el metal, punzones, leznas, restos de escorias sobrantes de las fundiciones, etc. Por los elementos hallados parece posible que existieran trabajos especializados como la elaboración de la metalurgia del cobre, tallas en marfil y piedra, cerámicas realizadas con gran delicadeza y dibujos simbólicos, etc.

Posteriormente pasamos por un recinto rectangular el cual no se sabe muy bien para qué fue construido y se le da una posible utilidad grupal. Después llegamos hasta la ciudadela. Esta tenia por su margen derecha la Rambla de Huércal y a la izquierda el Rio Andarax, que en aquellos tiempos era navegable. Aquí se encuentra la Muralla IV, localizada en el extremo del espolón, y esta datada en el periodo del Cobre Antiguo (3.200 a.C.); es de perímetro casi circular y esta rodeaba todo el poblado. Esta zona, al ciudadela, fue la última en abandonarse y la primera en ser ocupada o habitada.

No es fácil visualizar aquella ciudad que en su día albergó a más de 1.000 personas y que en la actualidad solo vemos parte de su esqueleto queriendo dar muestra de la existencia de un tiempo pasado desconocido, que fue iniciadora en la introducción del arte de la metalurgia del cobre en el Mediterráneo occidental, no solo en la comarca y poblaciones vecinas, sino también en la zona del Levante peninsular. Exportaba sus excesos a otros pueblos e importaba materias que necesitaba de regiones lejanas; por ejemplo, los huevos de avestruz para los rituales funerarios que indican contactos con el Norte de África. Estos últimos estaban tallados con dibujos geométricos. 

Hay muchas preguntas que nos podemos hacer sobre esta cultura, o tal vez, esta civilización. Preguntas sobre sus ídolos de marfil con ídolos “oculados”, sus incisiones de carácter simbólico en sus cerámicas; el significado para ellos de todos esos símbolos. Nos podríamos preguntar de donde extrajeron ese conocimiento del arte de la metalurgia y sí fue casualidad el emplazamiento del poblado justo al lado de las minas de cobre, etc. y muchas más preguntas que solo la investigación y la búsqueda sincera puede responder.

Más aún, me preguntaría: ¿Qué civilización estamos construyendo nosotros? ¿Qué aportara nuestra civilización a las generaciones futuras?, ¿Queremos dejarles una civilización nueva y mejor?

Nosotros seguiremos las señales que nuestros ancestros han dejado en las piedras porque queremos averiguar nuestro pasado como humanidad y saber quiénes fuimos para construir ¿Quiénes somos? ¿Quién soy yo?