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DÍA MUNDIAL DE LA FILOSOFÍA

Día mundial de la filosofía

 Como asociación con alma filosófica, nos felicitamos porque la UNESCO haya dedicado un día al año a recordarnos y, de algún modo, celebrar la Filosofía. Nueva Acrópolis lleva 50 años en el mundo (en nuestra tierra de Almería son ya 29) divulgando y tratando de hacer comprensibles los valores de la Filosofía, tanto de Occidente  como de Oriente, tanto la más conocida como aquella otra que encontramos un poco proscrita.
 Son cincuenta años tratando de demostrar que teoría y vida no tienen por qué andar separados, que pensamiento, sentimiento y acción pueden ser armónicos, coherentes.
 Alguna crítica nos hemos llevado por mantener esta postura; ciertos teóricos nos han considerado insustanciales; algunos, eminentemente fácticos, nos han tachado de utópicos; otros, trataron de llevarnos a la hoguera mediática por considerar válidas algunas formas filosóficas “antiguas”, o por mantener un estilo de vida coherente con una forma de pensar.
 Pero también hemos recibido la gratitud y el reconocimiento de miles de personas que han disfrutado con nuestras charlas, cafés filosóficos, encuentros, clases, talleres, etc., o simplemente han visitado nuestros locales y pasado un buen rato de conversación. A ellos les agradecemos su consideración y apoyo.

 Desde el primer día mantuvimos que la Filosofía era, esencialmente, amor al conocimiento, una definición que no está de moda, pero aun  así tratamos de ser fieles a la vieja definición clásica. Y hemos explicado que ese amor al conocimiento es consustancial al hombre, que todo hombre lleva en sí al filósofo porque todos nos hacemos preguntas, todos necesitamos respuestas y que éstas no estén tan alejadas de nuestra circunstancia que sean más un engorro que una solución vital.
 Sin despreciar el intelecto, muy al contrario, sostenemos que un ser humano es filósofo incluso sin conocer a Platón, Heidegger, Kant o Hegel; porque una cosa es la muy digna e interesante Historia de la Filosofía y otra, la actividad del filosofar.
 No sabemos en qué remoto momento de nuestro pasado el hombre tomó conciencia de sí mismo, cuándo fue la primera vez que se dijo: “yo soy”, pero estamos convencidos de que inmediatamente se preguntó: “¿qué soy?” y, acto seguido: “¿qué  es esto que me rodea?”, preguntas esenciales que aún están sin respuesta, a pesar de que ciertas formas de ciencia o ciertas formas de religión hayan pretendido haberlas contestado. Nada más lejos de la verdad. Cada uno tiene la necesidad de responderlas por sí mismo; por eso, cada hombre es un filósofo potencial.
 Hay muchas formas de entender al hombre: un organismo biológico con capacidad de pensar, un ente social, un alma en un cuerpo… todas son válidas, porque todas expresan una parte de lo que somos. La Filosofía trata de buscar en todas e integrarlas a todas. Y no solo esas grandes y a veces lejanas cuestiones, también las más simples y cotidianas: ¿cuánto durará esto?, ¿por qué pienso lo que pienso?, ¿por qué me duele esta situación?, ¿cómo resuelvo esta duda?, ¿es verdad lo que creo?... Un millón de pequeños interrogantes planea sobre nuestra conciencia cotidianamente, seamos o no conscientes de ellos, se hayan explicitado en nuestra mente o estén latentes; en el fondo, son las preguntas del hombre. Por eso afirmamos que el hombre es naturalmente filósofo, o sea, amante de la verdad.
 Por otro lado… ¿existe la verdad? No nos referimos a una cosa que alguien tenga guardada en una caja, en un libro o en una habitación acorazada; ni mucho menos, nos referimos simplemente a la verdad, a lo que las cosas son en esencia atravesando sus apariencias. Nadie busca una aguja en un pajar, asunto por demás tan difícil como para convertirse en un refrán, si no está convencido de que la aguja está realmente en el pajar. Así, con la verdad: no se busca si no crees que existe. Ese es otro asunto clave del filosofar: estar convencido de que hay respuestas, por lejanas que aparenten estar de nuestro momento vital. Otros hombres, muchos a lo largo del tiempo, han emprendido esta búsqueda, y sus hallazgos nos ayudan; por eso, es bueno e inteligente estudiar Filosofía, pero es tarea de cada cual encontrar las propias respuestas y, lo que es más importante, aplicarlas a su vida. Ambas cosas nadie las puede hacer por uno mismo, y de hecho, es el más grande ejercicio de libertad individual.

 La filosofía que hemos intentado redescubrir para nuestro presente no es la del hombre que se encierra en su torre intelectual para elaborar teorías sobre el mundo; al contrario. Hemos buscado una actividad integral que atienda a todas las necesidades humanas, o sea, la relación con uno mismo, la relación con los demás hombres y con la Naturaleza, y el propio movimiento de la Vida y la Historia, que llamamos evolución. A esto lo hemos llamado Filosofía acropolitana, solo un nuevo nombre para una actividad tan vieja como el hombre mismo. Y todo ello enmarcado en tres principios de base que hacemos presentes en todas nuestras actividades: investigación, desenvolvimiento interno y capacidad de convivencia.
 Así pues, sí… nos felicitamos de que al menos un día al año, el mundo tenga presente esa atemporal y extraordinaria actividad humana: la FILOSOFÍA.

Antonio Burgos

 

TITANIC, 100 AÑOS BAJO EL MAR

El 14 de febrero de este año se ha cumplido el 100 aniversario del hundimiento del navío que no podía hundirse, del gran Titánic. Este trágico acontecimiento se produjo cuando a las 23:40 horas, el barco chocó con un iceberg y en menos de 3 horas pasó a la historia de las tragedias.

La historia se inicia cuando en el año 1907 el Director de la White Star Line, J. Bruce Ismay y Lord James Pirrie, de la Harland & Wolff, se ponen de acuerdo para construir el barco más grande de todos los construidos hasta ese momento por la White Star Line. 3 meses antes del Titánic se finalizó la construcción de su hermano mayor: el Olympic. Posteriormente se botó el Titánic que pasó a la historia por su final más que por ser de los más grandes barcos de la historia hasta ese momento.

Este inmenso coloso fue obra del ingeniero Thomas Andrews. Tenía tanta confianza en su obra que llegó a declarar a la prensa que “ni el mismísimo Dios podría hundirlo”.

Su construcción se inició el 31 de marzo de 1909. Se instaló en el astillero Harland & Wolff la quilla 401 donde se inició la construcción del “insumergible” navío.

El Titánic tenía un peso bruto de unas 46.328 toneladas y medía 269,04 metros de largo por 28,16 metros de ancho. En sus entrañas había 9 calderas de 5 metros de ancho y 100 toneladas de peso cada una. En la parte alta del barco se pusieron 4 chimeneas (de las que casi no quedan indicios en el mar) con 22 metros de altura sobre la última cubierta. Una de las particularidades del diseño del Titánic era que en su interior se encontraban 16 compartimentos previstos para contener agua en caso de accidente y se podría mantener a flote con 4 de ellos completamente llenos. La capacidad de este gran barco entre tripulación y pasajeros era de casi 2300 personas.

El transatlántico tardó dos años en estar listo y el 31 de mayo del año 1911, se botó el barco ya terminado delante de 100.000 curiosos y se trasladó al puerto de Southampton, una ciudad del sur de Inglaterra que ya en esa época era uno de sus principales puertos.

El Titánic era ante todo una obra de ingeniería humana enorme y un proyecto de gran lujo para aquellos que podían pagarse un billete de 1ª clase. Pero a medida que se bajaba a las profundidades del barco se encontraban la 2ª y la 3ª clase, o lo que es lo mismo, había camarotes tan grandes como el más pequeño cuarto de escobas de la 1ª clase.

El transatlántico tenía gimnasio, piscinas, saunas, canchas de squash, barberías, cuartos oscuros para los fotógrafos, perreras y ascensores. Contaba también con 28 salas y suites para los pasajeros que lo precisaran, normalmente los más adinerados.

Para el viaje inaugural del Titánic se escogió al Capitán Edward J. Smith, de 25 años de experiencia en la compañía White Star Line, que realizaría su último viaje justo antes de jubilarse con toda la gloria de semejante evento.

El Titánic emprendió su viaje hacia Nueva York el 10 de abril de 1912. Hizo 2 paradas antes de dirigirse a su fatal destino, en Cherbourg (Francia) y en Queenstown al día siguiente (suroeste de Irlanda). Finalmente se dirigía hacia Nueva York, pero nunca más llegó a tierra.

La noche del 14 de abril de 1912, el vigía del barco avistó un gran objeto oscuro en el rumbo del barco y enseguida se dio cuenta que era un iceberg. Uno de los que se estaban viendo desde hacía horas y de los que el Titánic tenía constancia. Pero ese año, las corrientes que normalmente llevan los fragmentos de hielo por otra ruta, sufrieron una desviación, lo que provocó la serie de acontecimientos y casualidades que llevaron este gran bloque de hielo justo en la ruta del gran barco. A pesar de los esfuerzos de los oficiales al mando esa noche, y de hacer maniobras de evasión para esquivar el iceberg, nada pudo evitar la colisión y exactamente a las 23:40 de la noche se produjo la herida mortal del navío.

Lo que en el primer momento pareció solo un roce, del cual algunos pasajeros no se dieron ni cuenta, se convirtió en una brecha de 75 metros de longitud en estribor. El diseñador del navío Thomas Andrews, invitado en ese viaje inaugural, supo inmediatamente que el Titánic se estaba hundiendo precisamente debido a que 5 de los 16 compartimentos preparados para acumular agua en caso de necesidad, estaban completamente inundados.

El Capitán Smith, sabiendo que su barco no tenía salvación, ordenó que pasajeros y tripulación abandonasen el barco ante el inminente final. Pero no había suficientes botes salvavidas pues la regulación Inglesa “sugería” que los navíos llevasen 16 botes por cada 10.000 toneladas, pero no obligaba. El Titánic superaba las 50.000 toneladas pero por motivos estéticos se suprimieron muchos de los botes que sugerían las autoridades. Solo se pusieron 20 botes de tres tipos con los que como máximo se habrían salvado 1000 personas.

Mientras que se hundía el barco por el peso del agua que estaba llenando todos los compartimentos. Se lanzaban bengalas al cielo en busca de ayuda de cualquier barco que pasara cerca, y se emitían mensajes de socorro por radio.

El barco que más cerca se encontraba del Titánic era el Carpathia, que recibió el aviso una hora antes del hundimiento y se dirigió a todo gas al lugar del desastre.

El agua empezó a invadir todos los compartimentos y las cubiertas del Titánic y de esta manera en menos de 3 horas el barco acabó en el fondo del mar, llevándose consigo a más de 1500 personas que no pudieron salvarse.

2 horas y 40 minutos después de impactar con un iceberg, a las 2:20 del lunes 15 d abril de 1912, el Titánic se hundió llevándose la vida de unas 1500 personas, cada una de ellas con su propia historia personal y su drama. Tal vez una de las historias más comentadas, quien sabe si leyenda, es la de la orquesta del barco que no dejó de tocar en ningún momento hasta su último aliento.

Lo sucedido con el Titánic, el hundimiento y su posterior juicio, demostraron algo evidente: el hombre, en su afán por superar y domesticar a las fuerzas de la naturaleza, olvida que en realidad es perecedero. La soberbia y el orgullo de aquellos que construyeron la gran máquina de hierro no les dejó ver las posibles carencias del gran navío. La falta de botes salvavidas, los instintos casi animales en los momentos críticos del hundimiento, los pocos escrúpulos de algunos de los que sobrevivieron y el trato que recibían los pasajeros de 3ª clase que en su mayoría eran emigrantes que buscaban una nueva oportunidad para trabajar y vivir contrastaban con la opulencia del gran navío y las expectativas que se pusieron en ese barco.

El Titánic pasó en pocas horas de ser el símbolo del triunfo del hombre sobre la máquina a ser la mayor tragedia de esos tiempos. Pero aun ahora se recuerda ese naufragio como algo legendario. En realidad durante muchas décadas sus restos eran un verdadero misterio hasta que finalmente el 1 de septiembre de 1985 se descubrieron sus restos en una expedición a cargo del Dr. Robert D. Ballard. En ese momento se descubrió no solo que los restos estaban en bastante mal estado sino que el buque se había partido durante el hundimiento. Hasta ese momento se creía que el barco se precipitó al mar de una pieza pues muchos testigos así lo habían explicado, pero poco a poco se ha descubierto que estos testimonios en su mayoría eran de personas relacionadas con la compañía y presentar un buque integro daba en esa época una sensación de mayor solidez del barco. Pero gracias al descubrimiento de los restos hoy podemos saber que en la construcción del Titánic se escatimaron recursos y puede que esa sea una de las causas del hundimiento.

En la actualidad el director de cine James Cameron (que filmó la película Titánic en 1997) es uno de los pocos afortunados que ha conseguido bajar hasta las profundidades del mar y ver los restos hundidos en directo. Para rodar la película usó esas imágenes y en los últimos años se ha dedicado a hacer inmersiones para investigar más sobre el hundimiento.

Ahora los restos del Titánic han pasado a estar bajo la protección de la UNESCO como objetos del patrimonio cultural subacuático de modo que los “cazatesoros” se mantendrán a raya. Pero con el paso del tiempo estos restos se van a deteriorar demasiado y probablemente no llegaremos a celebrar su 200 aniversario. De momento los espíritus de la gran nave siguen hundidos en las frías y oscuras aguas del atlántico.

www.revistaesfinge.com

Planos del barco: http://centros5.pntic.mec.es/ies.isaac.albeniz/Tecnologia%20de%20la%20informacion/titanic/planos.htm
Lista de la tripulación del Titánic: http://www.fortunecity.com/greenfield/drongo/51/ListTri1.htm
http://www.fortunecity.com/greenfield/drongo/51/ListTri2.htm
Lista de pasajeros del Titánic: http://www.fortunecity.com/greenfield/drongo/51/Pasaje.htm

FILOSOFÍA: LA SABIDURÍA QUE UNE

 Érase una vez que todas las actividades netamente humanas, a saber: arte, ciencia, religión y política (que aunque tengan nombres muy regios incluyen cualquier cosa que pueda hacer el hombre), estaban unidas por un invisible hilo común, de tal manera que lo que una no podía responder, otra lo intentaba, e incluso permitía que unas se complementaran con otras. Así, la ciencia daba técnica al arte y este daba corazón a la ciencia; la religión espiritualizaba a la ciencia y la ciencia daba coherencia a la religión; la política se hacía moral con la religión y esta no abusaba porque la política se lo impedía… Ese debió de ser un mundo perfecto… lo que no sabemos es cuándo ocurrió.
 Se cuenta que pasó el tiempo y decidieron caminar cada una por su lado, considerarse autosuficientes e, incluso, autonombrarse cada una la primera entre todas; el invisible hilo común se rompió y aparecieron las tribus enarbolando su “yo tengo razón y tú estás equivocada”, su “yo soy la primera y tú me tienes que obedecer”.
 ¿Cuánto tiempo ha transcurrido? Nadie lo sabe, pero sí sabemos que es necesario que el hilo invisible, pero real, vuelva a unir lo disperso y en conflicto. Ese hilo se llamó y se llama filosofía, amor a la sabiduría que une, no al conocimiento que separa.
 Si la política buscara realmente la justicia; si la religión respondiera verdaderamente a la necesidad de trascendencia; si el arte plasmara la belleza; si la ciencia buscara la verdad sin prejuicios… todas juntas y cada una darían respuesta a alguna necesidad humana… Por eso necesitamos el retorno de la Filosofía, porque es la que las puede volver a unir.
 Filosofía es la actitud más humana frente a los enigmas de la existencia: no es simple especulación intelectual; es reconocimiento de las inquietudes y búsqueda de respuestas; es encontrarlas y hacerlas parte de nuestro quehacer vital. Es liberarse de prejuicios y encarar las incógnitas que nos plantea la vida con el optimismo fundado del que sabe que toda pregunta sincera posee en sí el germen de la respuesta. Es buscar fuera y dentro de sí las llaves que abren los pesados cofres de las preguntas aún sin respuesta. Filosofía es convivencia y encuentro, entre los hombres y entre las cosas que hacen los hombres…
 Dice el cuento que un día, el hilo invisible, pero real, volvió a unir esas cuatro actividades-necesidades del hombre, y que ese día surgió un mundo nuevo y que los hombres fueron más felices, aunque no dice nada de que comieron perdices. Ni falta que hace.


Antonio Burgos
 
 

EGIPTOMANIA

Una de las civilizaciones que más ha cautivado al público ha sido la del Egipto Antiguo. El desciframiento del jeroglífico en 1822 por Champollion, llamado justamente “el egipcio”, el descubrimiento de la mastaba casi intacta de Tutankamon, han sido dos hitos en la aparición de la “egiptomanía”. Pero la pasión por Egipto es casi tan antigua como esta civilización. Griegos, romanos, árabes, príncipes y aventureros, científicos y pensadores modernos se han sentido fascinados por la civilización de las riberas del río Nilo. Cada uno de ellos ha fabricado su propio mito que, a veces, ha ocultado al verdadero Egipto.

Para los griegos, desde el segundo milenio antes de Cristo, Egipto ya se les aparecía como muy antiguo, de tal manera que para ellos Egipto había existido desde siempre. Solón, uno de los siete sabios de Atenas, es instruido en la remota historia de su propia ciudad por los sacerdotes egipcios, hablándole, según narra Platón, de enfrentamientos con ejércitos de la mítica Atlántida, hace 12.000 años.

Egipto contaba a los ojos griegos con una organización social estable y casi perfecta que garantizaba la concordia social y el buen funcionamiento de la vida diaria. Licurgo y Solón visitaron Egipto para inspirarse y otorgar a Esparta y Atenas, respectivamente, una constitución política adecuada. Para estos sabios griegos la organización social egipcia era digna de ejemplo por el cumplimiento natural de los deberes comunitarios y el buen funcionamiento de la medicina y la justicia. Y lo hicieron tan bien, que durante los primeros tres mil años de su historia no van a conocer prácticamente guerras ni problemas sociales, de ahí que para los griegos el Antiguo Egipto se les apareciera como un pueblo pacífico desde el principio de los tiempos.


Para los romanos Egipto es la Tierra de la Salud. Y, efectivamente, hubo un gran desarrollo de la medicina. Ya desde el principio de su aparición en la Historia, contaba con especialistas de los ojos, del riñón, de la sangre, del sistema respiratorio. Decían los romanos que en Egipto había un médico para cada enfermedad. Y recomendaban a todos lo que tenían una salud delicada pasar una temporada en tierras de Egipto, como hizo el mismo Séneca, quien padecía una dolencia pulmonar. El ideal egipcio de la salud es la armonía que ellos llamaban “Magia”; cuando hay correspondencia entre lo interno y lo externo, entre lo espiritual y lo físico, entonces hay salud, armonía y magia. Curiosamente, hoy se vuelve a retomar esta idea de la Antigüedad y la medicina contemporánea cada vez investiga más las relaciones que hay entre las enfermedades del cuerpo y los desequilibrios del alma.


Una de las imágenes que más ha influido en la egiptomanía es la de las momias. El origen de esta palabra es árabe, viene de mumia que significa bitumen (betún), una sustancia que usaban tradicionalmente los árabes de Egipto. ¿Por qué los árabes identifican a las momias con la curación? Seguramente seguirían recordando los altísimos conocimientos de anatomía y medicina de los embalsamadores egipcios. Esta asociación de ideas provocó que durante toda la Edad Media se creyera en las propiedades curativas del polvo de momia; hubo un gran comercio de polvo de momia y los más hipocondríacos no salían de casa sin llevar encima un saquito con el supuesto polvo curativo. En el siglo XVIII se puso de moda desenliar momias en los salones ingleses.

La pasión por el Antiguo Egipto provocó también  el expolio de cantidades enormes de tesoros y piezas arqueológicas que se buscaron con ahínco en el interior de las pirámides. Para los griegos las pirámides eran enormes llamas de fuego – de ahí su nombre, de pir, “fuego, ígneo”-, o sea, templos dedicados al conocimiento, dado que el Fuego era el símbolo de la Sabiduría. Pero con la pérdida de la clave interior, el tesoro que es el conocimiento se dejó de lado y se identificó ese tesoro del que hablaban los griegos con las joyas y el oro.  En el s. XIV era tal la pasión por estos tesoros, que los buscadores árabes eran considerados como un gremio y pagaban impuestos como artesanos. Hasta los Reyes Católicos enviaron  un embajador para participar del suculento “pastel”. Mas, ¿qué simbolizaba para los propios egipcios la pirámide? Su arquitectura refleja el orden y la armonía del Cosmos que debe reflejarse en la sociedad; descubrirlo para aplicarlo era el gran tesoro para los egipcios.


Si Platón, Pitágoras, Tales, Solón, Demócrito, Marsilio Ficino, Giordano Bruno y tantos otros sabios aprendieron del Antiguo Egipto -como diría Howard Carter- “cosas maravillosas”, el apasionado del Egipto Antiguo tiene la misma oportunidad de redescubrir aquellas viejas enseñanzas, que hablan de mejoramiento, de convivencia, de vivir armonizando el mundo celeste y el mundo terrestre, el mundo de las ideas y el mundo de las acciones.

Francisco Capacete González - www.revistaesfinge.com

EROS, EL AMOR

eros y psique 

La de hoy es una pregunta tan vieja como la misma Humanidad. ¿Qué es el amor? ¿Cómo encontrar a Eros, ya sin alas, en medio de tantas y tan variadas versiones que nos presentan las modernas sociedades?
En principio, pareciera que el significado del amor se ha enriquecido hasta límites insospechados, ofreciendo cada vez más posibilidades de expresión. Pero, tras un análisis no muy profundo, las cosas se presentan menos claras.
¿Podemos llamar amor al vulgar entrechocamiento de cuerpos, tan cantado por las costumbres liberales? ¿O acaso lo llamaremos a los frecuentes cambios e intercambios que exigen los instintos saciados, hartos, de jóvenes y menos jóvenes que ya no encuentran interés ni atractivo en nada? ¿Es amor la gran cantidad de aberraciones con que intentan cubrir la carencia de auténticos sentimientos, el vacío emocional, en una palabra?
¿Caben en el amor las compraventas, las relaciones de un día, los lazos que se deshacen ante el menor inconveniente? ¿Y qué decir del desgaste progresivo que lleva del entusiasmo a la apatía y de la apatía al odio? ¿Puede haber olvido e indiferencia donde antes hubo amor?
Eros se queda mudo ante mis preguntas. Solo atina a fijar su mirada en sus alas rotas… Y en la raíz de lo que fueron sus plumas brillantes, surge una gota, mezcla de sangre y lágrimas sin dueño. En el cristal de la gota se reflejan viejas imágenes, que al verlas, me obligan otra vez a preguntarme por el Amor…
Echo de menos ese sentimiento poderoso que pone luz en la mirada del que lo lleva, y que ilumina con la misma fuerza todo lo que toca. Quiero volver a encontrar el entusiasmo ilimitado de los enamorados que viven el mundo como si fuese sólo para ellos, que desprecian los obstáculos y se sienten capaces de arremeter contra todos los monstruos.
¿Qué se ha hecho del amor que trae consigo felicidad, éxtasis callado, ansias de estallar porque el corazón se queda pequeño?
¿Dónde están el hombre y la mujer que ofrecen el uno al otro todo lo que tienen, antes de pedir nada? ¿Dónde los que saben perdonar, esperar, confiar, ayudar, comprender, mirar mas allá de unos cuerpos que están destinados a envejecer? ¿Dónde está la gloriosa certidumbre de haber encontrado al ser que nos hace falta para completar nuestra andadura por el mundo?
¿Dónde se ha escondido el lenguaje sin palabras, pero tan rico y expresivo, de los que comparten una misma ilusión, idéntica esperanza? ¿Dónde los detalles exquisitos, el afán de belleza, el homenaje delicado, el agradecimiento siempre renovado del que ama y se sabe amado? ¿Dónde la pasión romántica que hace del ser humano un dios mucho más poderoso que sus simples instintos?
¿Dónde quedaron los amantes que lograron el milagro de detener el tiempo, borrar el espacio y espantar a la misma muerte? ¿Dónde encontrar a los que han hecho un altar de su unión, de su entrega, de su fidelidad, de su sinceridad?
Eros sigue sin responder. Pero, sin embargo, en él se encuentra la clave de mis preguntas. Él también va por el mundo buscando seres a los que inspirar ese sentimiento que es su razón de ser. Y puede que esos seres estén mucho más cerca de lo que él y yo, con mis preguntas, sospechamos.
Aquí, allí, en donde pongamos la mirada, puede haber hombres y mujeres que, sin atreverse a confesarlo, buscan al Dios del Amor. Porque cuando sean muchos los que vivan las cimas indescriptibles de tan elevada emoción, Eros recuperará sus alas y volará nuevamente por el éter, alentando y protegiendo el amor de todos los que aman.

Delia Steinberg

El héroe cotidiano

ALEJANDRIA: EL SUEÑO DE UN GRAN REY

El Gran Alejandro entendió que todo buen colonizador debía dejar su impronta, como ya habían hecho sus antepasados, los emprendedores griegos cuando, en otra expansión anterior de su mundo, llevaron sus ciudades con sus templos por todo el Mediterráneo. En Egipto, entre otras colonias en el Delta, establecieron la próspera Naucratis en el siglo VII a.C., con el apoyo de Psamético I, fundador de la dinastía Saíta. También el Faraón Amosis II (570-526 a.C.) favoreció la colonia y el comercio griego. Desde allí salían las maravillas de Oriente hacia Mileto y las demás ciudades jonias. Era un tiempo magnífico, en el que brillaban los nombres de Pitágoras, Esquilo o Anaxágoras.

Por su parte, los reyes de Macedonia, desde Arquelao a Filipo II, durante los siglos V y IV a.C. tuvieron como objetivo la modernización o helenización de su pujante reino: la Corte de Pela acogió a los poetas Píndaro y Baquílides, al médico Hipócrates, al músico Timoteo, el pintor Zeuxis, al poeta épico Querilo, y a los dramaturgos Agatón y sobre todo Eurípides, que pasó sus últimos días en Pela, donde escribió Las Bacantes. Las conquistas de Alejandro, posteriormente, en Asia, África y Europa, desencadenaron una gran libertad para viajar y comerciar, y para explorar las más remotas regiones.

Los augurios y la fundación

Una visión en la que Homero le recitaba los versos de La Odisea, en los que Menelao se refugia en la isla de Pharos, según Plutarco, fue lo que impulsó al gran macedonio a fundar una nueva ciudad.

Para marcar el perímetro de la nueva urbe, los obreros echaron harina de trigo y los pájaros acudieron veloces a devorarla, remontando el vuelo. Los intérpretes de prodigios vaticinaron: “la ciudad que has ordenado construir alimentará al mundo civilizado y por doquier habrá hombres nacidos en ella. Pues las aves recorren todo el mundo habitado”. Lo que más le gustó del emplazamiento elegido fue aquella isla, enfrente de la costa, Fharos, y que allí hubiera un templo dedicado a Proteo, el Dios de las transformaciones y la diversidad. Era un lugar perfecto para construir un faro enorme, que iluminase el mundo y señalase a los navegantes, que venían de los lejanos mercados de la India o de Siria, que allí se encontraba situado el mayor puerto de aquel mundo que se ensanchaba, en un sueño de amplitud, de mestizajes y de encuentros entre las culturas.

Las palabras del augur eran, por lo demás, acertadas, pues Alejandría  pronto fue el más brillante gozne entre Oriente y Occidente y su destino quedó desde entonces señalado para servir de punto de referencia, no sólo a los negocios del tráfico de especias, de trigo, y toda clase de bienes entre los dos extremos del mundo, sino y sobre todo porque allí el ideal griego de la búsqueda de la sabiduría encontró su mejor base de apoyo.

Los arquitectos Cleómenes de Naucratis, Deinócrates de Rodas, Crátero de Olinto y Herón de Libia asesoraron al Rey, según nos cuenta Calístenes, biógrafo de Alejandro. El acceso a Egipto era difícil por el Mediterráneo y en Fharos había ya un puerto, conocido por los griegos desde el siglo VIII a.C., donde fondeaban las naves antes de entrar en el Nilo, por la boca Canópica.

Tras elegir el emplazamiento adecuado, cerca de la colonia griega de Rakotis y del lago Mariotis al sur, encargó la dirección de los trabajos de construcción al arquitecto Deinócrates, y a su ministro de Hacienda, Cleómenes de Naucratis, que proveyera los fondos necesarios. De allí Alejandro se dirigió a Siwa, al templo de Amón, a recibir el espaldarazo sagrado de su abolengo mítico, en el invierno de 332-331.

Cuando a la muerte de Alejandro, Ptolomeo, hijo de Lagos y de Arsinoe (esclava de Filipo, y algunos dicen que éste podría ser su padre) se hace cargo del gobierno de Egipto, trasladó su residencia y la administración del reino a Alejandría, a la que engrandeció con obras e instituciones como el Mausoleo, el Soma (cuerpo) con la tumba de Alejandro, el Faro, el Museion y la Biblioteca Real. Es el primer Ptolomeo, con el apelativo de Soter, que quiere decir salvador.

Los sucesores de Alejandro, los generales que se repartieron su Imperio, –Ptolomeo en Egipto, Seleúco en Siria y Atalo en Pérgamo–, fundan sus respectivos centros de enseñanza y bibliotecas, en Alejandría, Antioquía y Pérgamo, de tal manera que todas las ciudades importantes helenísticas disponían de su propia biblioteca pública. La más conocida y de fama más duradera fue la de Alejandría.

Una nueva religión

Ptolomeo Soter adopta a Serapis como Dios tutelar de la nueva dinastía y a Alejandro como genio protector de la ciudad. Se trataba de instaurar un nuevo culto que aglutinase a griegos y  egipcios, fomentando la mutua aceptación, para lo cual se realiza una unión entre Osiris-Ptah, Señor de la Vida, y su encarnación, Apis, concebido milagrosamente desde el cielo, sobre una vaca estéril, según Herodoto. Desde los tiempos de Psamético y Amosis, los griegos ya veneraban a Apis en sus colonias del Delta y más al sur. Una circunstancia fortuita pero significativa nos ilustra sobre la devoción de Ptolomeo Soter por Apis: coincidiendo con su ascenso al trono de Egipto murió el buey consagrado a Apis y el nuevo rey, viendo en ello una señal de cielo, asignó una gran cantidad de plata para cos  tear su funeral.

Así pues, de la fusión de Osiris y Apis surgió Serapis, al cual Hecateo identificaba con Dionisos, Plutón, Amón, Zeus y Pan.

Sus asesores en materia religiosa fueron Manetón el egipcio, sacerdote de Heliópolis, y Timoteo el ateniense, de familia ligada a los cultos de Eleusis. Helena Blavatsky, en la Doc-trina Secreta, afirma que en estos primeros momentos de la nueva dinastía era sacerdote de Amón «el gran vidente y profeta egipcio Pot-Amun», pero no añade ningún otro dato sobre si intervino en este proceso de renovación religiosa, aunque cabe pensar que tuviera participación en ella.

Hay muchos elementos muy interesantes en la labor de reforma religiosa emprendida por Ptolomeo Soter, que pueden hacernos pensar en un plan de profundo calado y con misteriosas relaciones, por ejemplo con el reinado de Ramsés II, en el cual encontramos antecedentes, tanto de tipo religioso con respecto al culto a Osiris-Apis como en la labor cultural y científica. El legendario egiptólogo francés Mariette descubrió en el Serapeum de Menfis la tumba de Kha-em Wase, un hijo de Ramsés, que había sido gobernador de Menfis y sumo sacerdote de Ptah. En el enterramiento aparecieron dieciocho estatuillas con la inscripción «Osiris-Apis, Gran Dios, Señor de la Eternidad». En el Serapeum menfita, que fue muy reformado en la época ptolemaica, se acotó una zona, llamada dromos, al final de la avenida de las esfinges, para ceremonias del nuevo culto, con un sincretismo de Divinidades griegas y egipcias. En ella aparecieron figuras asociadas al culto de Dionisos y otras referentes al buey Apis.

Ptolomeo encargó a Manetón que escribiera una historia de Egipto, y otra a Hecateo de Abdera, discípulo de Pirrón, llamada Egiptiaca. Manetón en su obra menciona la Biblioteca sagrada que estaba en el Rameseum de Tebas. Nos dice que llevaba en su frontispicio la inscripción: «Tesoro de los re-medios del alma». Clemente de  Ale-jandría, en su obra Stromateis II, 324 afirma que «existían 30.000 ejemplares de los libros de Thoth en la biblioteca instalada en el sepulcro de Osimandias (nombre griego que se daba a Ramsés), sobre cuyo frontispicio se leían estas palabras: Medicina del alma». Igualmente establece la correspondencia entre los Dioses egipcios y griegos, incluidas las nueve musas.
Según Blavatsky, los cuarenta y dos libros sagrados de los egipcios que cita Clemente de Alejandría como existentes en su época, eran una parte de los libros de Hermes Jámblico que, apoyado en la autoridad del sacerdote egipcio Abamón, atribuye 1.200 de estos libros a Hermes, y Manetón le atribuye 36.000.

Petrie descubrió efectivamente en dicho lugar un conjunto de papiros de la dinastía XII, entre los que se encuentran los primeros textos dramáticos conocidos, lo cual confirma que los egipcios guardaban «anales sagrados» en sus templos, es decir que tenían bibliotecas, al igual que sucedía con los palacios reales y en otras civilizaciones, como la de Asurbanipal de Nínive, del siglo VII a.C., de la que nos han llegado 20.000 tablillas. La primera biblioteca pública fue fundada en Atenas por Pisístrato en el siglo VI a.C. También la Academia platónica y el Liceo disponían de bibliotecas, destinadas a la investigación.

Antes que Roma fuera el faro del mundo, mucho antes de que Constantino decidiera hacer de Bizancio, aquel poblado griego junto al Bósforo, otro de los grandes espacios organizados, Alejandría ya había construido el indispensable modelo invisible que le ha permitido perdurar. Y seguramente Bizancio y Roma se inspiraron en ella, pues en la Historia hay pocas cosas inventadas, totalmente originales.
Alejandría. El sueño de un Gran Rey (I)

El Mouseion (santuario de las Musas) y la Biblioteca

Cuando, tras la muerte de Alejandro, Ptolomeo Soter reina en Egipto, encarga a Demetrio de Falero que organice un gran centro de conocimiento, el Mouseion, donde se recoja todo el saber de su tiempo en una Biblioteca universal. Estaba naciendo un modelo que se perpetuó a lo largo de la Historia, en los momentos sublimes en que el poder se aliaba con el amor al conocimiento. Aquella prodigiosa Biblioteca inspiró numerosas iniciativas que salvaron al mundo de la barbarie.

Personaje clave para el proyecto cultural de Ptolomeo, sabemos que Demetrio era discípulo de la Escuela Peripatética, y había sido tirano de Atenas durante diez años, hasta su exilio en el 307 a.C. Llegaría a Egipto a finales del siglo III tras una estancia en la griega Tebas. A su llegada a Alejandría se convirtió en consejero del Rey, a quien recomendó la lectura de libros sobre el arte del buen gobierno y asesoró en asuntos de legislación. Debió ser él quien recomendase la creación de un gran centro de estudio, el Mouseion. Por su parte, Soter, que era también un admirador de Aristóteles, intentó conseguir los servicios de Teofrasto como tutor de su hijo Filadelfo, y al no lograrlo, contrató a Estatón, discípulo de aquél. Otros sabios intervinieron en la educación del príncipe, como Filitas de Cos y Zenódoto de Éfeso. Por otra parte, el gran matemático Euclides, nacido en Alejandría, dedicó sus Elementa Mathematica al rey Soter.

A la muerte de Soter, Demetrio cayó en desgracia, por haber aconsejado al Rey que nombrase como sucesor a uno de los hijos de Eurídice. Filadelfo lo desterró a una ciudad del Delta, donde murió.

El modelo elegido se inspiraba en la Academia platónica y el Liceo de Aristóteles. En concreto, se inspiraban en el Mouseion, que en tiempos de Polemón, que dirigía la Academia entre el 314 y 276 a.C., se había construido en el jardín de la Academia, donde habitaba con sus discípulos. Su funcionamiento se conoce por el testamento de Teofrasto, que fue director del Liceo entre el 322 y el 286 a.C. En dicho edificio había un santuario dedicado a las Musas, adornado con estatuas de Diosas y un busto de Aristóteles, un patio con mapas de las tierras exploradas y diversas dependencias. Los sucesores de Teofrasto vivirían como en una especie de comunidad. Este carácter religioso de la institución también estaba presente en el Mouseion de Alejandría, pues según Estrabón, al frente de la pequeña comunidad había un sacerdote, responsable del culto a las Musas y un Eístates o director del Mouseion, encargado de la administración y finanzas. A las Musas se atribuía la inspiración filosófica, artística y científica, siguiendo el ejemplo de Pitágoras que, según Vitrubio, atribuía sus descubrimientos a las celestes inspiradoras.

Los miembros del Mouseion tenían a su disposición casa, comida y exención del pago de algunos tributos, vivían como en una especie de comunidad con bienes en común (sínodo). El nombramiento de sus miembros dependía del visto bueno de los reyes, a cuyo servicio se consideraban. No se impartía enseñanza, sino que estaba dedicado a la investigación, si bien existía el aprendizaje por parte de discípulos aventajados. No obstante se organizaban conferencias públicas y simposios, a los que ocasionalmente asistía el Rey. Se admite generalmente que esta institución coexistía con la Biblioteca y ambas se complementaban des-de su fundación.

Durante la época romana, la actividad del centro fue derivando cada vez más hacia la enseñanza. Florecieron sabios como Herón, con sus artefactos, Claudio Ptolomeo, geógrafo y astrónomo, y el médico Galeno. También en época romana cobró auge la Filosofía, con Plotino y Filón.

Al principio, la Biblioteca estaba junto al Mouseion, pero hubo que ampliar un anexo ante el número de libros, que se construyó en el Serapeum, reconstruido por Ptolomeo III Evergetes (Bienhechor) en el barrio sur de la ciudad.

El puesto de bibliotecario real era de gran prestigio, nombrado directamente por el Rey, y solía coincidir con el cargo de preceptor de los príncipes de la familia real.
Según Tzetzes en la biblioteca exterior había 42.800 libros, y en la interior 400.000 mezclados y 90.000 sin mezclar. Se reunió el corpus completo de la literatura griega. Filadelfo compró la biblioteca de la escuela de Aristóteles, mientras que los manuscritos originales de Aristóteles y Teofrasto fueron donados a Neleo y posteriormente confiscados por Sila y llevados a Roma.

Cada barco que fondeaba en Alejandría era registrado y se requisaban los libros que contuviese. Galeno los llamó «fondos de los barcos». Ptolomeo II Filadelfo consiguió los originales de las obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides, mediante una fuerte suma de dinero, y los copió y devolvió las copias, quedándose los originales. Los libros se compraban sobre todo en Atenas y Rodas, o como consta en algunos textos homéricos, en Sínope, Kíos o Massalia. Se tradujeron los Anales Egipcios y se consiguió la historia de Babilonia escrita en griego por Beroso, en la misma época que Manetón escribió la de Egipto. Las excelentes relaciones que tuvo Filadelfo con el rey Asoka también proporcionaron textos pertenecientes a las religiones orientales.

También había material de otras culturas, como por ejemplo del Zoroastrismo o Mazdeísmo.
Había depósitos de adquisición, donde los funcionarios los registraban y clasificaban. Se indicaba la procedencia, el nombre del dueño, el del autor y el del erudito que había corregido o editado el texto. Otro criterio de catalogación eran los llamados «mezclados», cuando contenían más de una obra, o «no mezclados», cuando sólo incluían una. Entre otros datos, se indicaba la extensión del texto, contando el número total de líneas.

Había, pues, un libro de registro, un catálogo detallado para orientar a los estudiosos, así como una guía crítica del contenido de las bibliotecas, como la que hizo Calímaco (Pinakes), sobre los autores que más se distinguían en sus respectivas disciplinas. Clasificaba también por disciplinas: Retórica, Derecho, Poesía Épica, Tragedia, Comedia, Poesía Lírica, Historia, Medicina, Matemáticas, Ciencias Naturales y otras. En cada apartado los autores iban ordenados siguiendo el orden alfabético, y cada nombre iba acompañado de una nota bibliográfica y un estudio crítico sobre otros escritos del autor. Las Pinakes tuvieron una gran influencia en la Edad Media.

Disponía también de un servicio de préstamo, mediante la copia de los ejemplares que se solicitaban.

FILOSOFÍA PARA VIVIR MEJOR

 

De los sueños a las acciones:
Nuestras ideas son válidas en la medida en que son buenas y justas para nosotros y para todos, y en la medida en que podemos unirlas a los mejores sentimientos para luego aplicarlas de la manera más adecuada. Una idea aislada, sin sentimiento y sin acción consecuente, es una idea condenada a la muerte.
La práctica  de la vida cotidiana se encarga de mostrarnos lo difícil que resulta llevar a los hechos aquello que pensamos; más bien solemos quedarnos en el nivel de los sueños o, mejor dicho, de las ensoñaciones, calmando así nuestros deseos y evitando el esfuerzo que necesita toda idea para convertirse en una realidad concreta.

Aprendiendo a actuar:
Hay que llegar a saber lo que aprendemos, es decir, extraer de las páginas de los libros aquella ideas que, en la medida de cada cual, pueden incorporarse a nosotros, sobre todo cuando las aceptamos como válidas y necesarias. Hay que aprender a actuar, hay que saber equivocarse día a día y volver a empezar con la alegría del que conquista un camino nuevo. Pero, sobre todo, más allá de errores y desilusiones, hacer, mover algo en nosotros y en el mundo. Lo demás no es Filosofía sino gimnasia mental. Pregúntate a menudo qué aprendes y qué sabes: mide lo que haces y podrás responderte a ti mismo.

Del conocimiento intelectual a la acción:
No bastan el estudio y la lectura, ni siquiera la meditación sobre lo leído y estudiado. Hace falta saber actuar de acuerdo con lo aprendido intelectualmente, y toda acción requiere un aprendizaje paulatino hasta llegar a alas perfección. Hace falta seguridad y confianza en sí mismo para conseguir lo que hemos planeado. Al contrario, hay que lanzarse con decisión y alegría a las exigencias nuevas y hacerles un sitio importante porque lo merecen; los logros serán más adelante la consecuencia natural.

¿Curiosidad mental o deseo de saber?
La curiosidad mental no es más que un escozor superficial y vano, pero el deseo de saber, sumado a un corazón ardiente  y decidido, vale más que miles de palabras insulsas. El deseo de saber y un corazón decidido se manifiestan de una manera inconfundible: trabajando, esforzándose sin desmayo cuantas veces sea necesario, volviendo sobre nuestros errores hasta corregirlos, repitiendo nuestras tareas hasta conseguir una mínima perfección.

Ideas e ideologías:
Las ideas, cuando no están sólidamente sustentadas, mueren rápidamente. Los hombres nacen y mueren; las ideas también. Y las ideologías, como estudio, interés o desarrollo de las ideas, mueren como todas las cosas. Los que no mueren son los que viven  las ideas, los que las encarnan de una y otra forma en unos y otros momentos de la Historia.
Debemos aprender a valorar las ideas más sólidas, las más permanentes y estar atentos a las que mueren para dar cabida a las que nacen, que son, después de todo, las mismas que vivieron alguna otra vez, con otros ropajes y en otras circunstancias. Más o menos como los hombres, más o menos como la vida misma.

Las ideas y su aplicación:
Lo que ha sido elaborado en el plano de las ideas y de las imágenes, tiene que plasmarse de una forma u otra en hechos concretos. Aunque los resultados no sean óptimos ni definitivos, lo importante es comprobar que tenemos fuerzas para convertir un pensamiento en una acción efectiva.
Entre los sueños y las realidades existe la misma distancia que entre las ideas y las acciones. Sueños y realidades son los dos platillos de una balanza que debe mantenerse en equilibrio para avanzar por la vida con menos dolor, menos fracasos, y al contrario, más alegrías y victorias.

Lo fácil y lo difícil:
Lo fácil es lo que ya me pertenece y lo difícil es lo que debo conquistar.

DELIA STEINBERG GUZMÁN

FLORENCIA

Cuáles son los motores ocultos que hacen que un sinnúmero de genios del arte, la ciencia y la filosofía surjan de repente en un mismo lugar y en una misma época es algo que seguramente nunca sabremos. Siempre he creído que un fenómeno como el del Renacimiento italiano no es fruto de la casualidad, sino el resultado de un montón de fuerzas convergentes, intencionalmente dirigidas hacia un propósito histórico, que en un momento determinado eclosionan lanzando al mundo el producto de siglos de paciente espera y trabajo.

Pocos historiadores estarán dispuestos a admitir la existencia de una, llamémosla, conspiración intelectual que habría intervenido secretamente en asuntos sagrados y profanos, con la única intención de acabar, de una vez por todas, con una de las edades más oscuras y terribles que ha vivido la humanidad a lo largo de su historia, aunque una observación detenida de los hechos parece demostrar lo contrario. De ser cierto, habría sido una labor de generaciones que habría comenzado con la apertura de Europa al conocimiento del mundo durante las Cruzadas y que terminaría colándole a la Iglesia Católica un gol sin precedentes, con la revitalización del pensamiento y los valores del Mundo Clásico que con tanto ahínco se había propuesto destruir diez siglos antes. En cualquier caso, no vamos a entrar en discusiones.

Sí que podemos, en cambio, situar el periodo renacentista entre los años 1.400 y 1.600, como haría cualquier libro de texto, y reconocer un periodo de gestación que efectivamente se habría extendido desde finales del siglo XIII y a todo lo largo del XIV o trecento. A partir de aquí, y en muy pocos años, todo va a cambiar sustancialmente durante el llamado Primer Renacimiento o quattrocento, en el tenemos que reconocer a Florencia como la capital más destacada de su época, mientras que durante el periodo posterior, el Alto Renacimiento o cinquecento, el centro de atención se trasladará a Roma, de la que tendremos oportunidad de hablar en otro momento.

Los triunfos políticos de la Iglesia durante la conflictiva Alta Edad Media, se fueron ido desvaneciendo a partir del desmembramiento del Sacro Imperio Romano Germánico, y el ideal de convertirse en la regente de la vida espiritual, política y material de Europa, dieron dado paso a una Italia dominada por una nueva clase social: la burguesía. Sus intereses fundamentalmente comerciales encontraron en la ciudad-estado y en el sistema republicano el marco ideal para su expansión. Y aunque la clase burguesa mantenía estrechas relaciones con las autoridades eclesiásticas, nos encontramos ante una sociedad básicamente laica, integrada fundamentalmente por banqueros, artesanos y comerciantes.

En este marco de convulsiones sociales y conflictos tiene lugar el redescubrimiento de la Antigüedad. Los intelectuales volvieron sus rostros a los textos griegos y latinos y más tarde a la arquitectura y el arte clásico. El interés por rescatar lo antiguo sirvió de catapulta a una nueva concepción de la filosofía y del arte que no imitaba, sino que se inspiraba en lo antiguo para crear algo nuevo. Giorgio Vasari bautizaría a este fenómeno como la rinascita, y Florencia pareció ser el marco ideal para el desarrollo de las nuevas ideas, con sólidos pilares como los de Dante, Petrarca y Boccaccio que sentaron las bases del futuro Humanismo, o los
estudios clásicos de Coluccio Salutati y Leonardo Bruni.

Caminar por Florencia es la mejor forma de acercarnos a una ciudad deslumbrante en la que se entrelazan, como en un encaje arquitectónico, palacios, iglesias y galerías de arte de la más exquisita factura. La traza urbanística de la ciudad deriva de la forma cuadrada de los antiguos castros romanos, aunque la muralla que edificó en su momento Arnolfo di Cambio cambia esta concepción dividiendo a la ciudad en dos distritos, uno religioso alrededor del Duomo, la catedral, y otro distrito civil y político alrededor del Palazzo Vecchio, en la plaza de la Signoria, en torno a la cual se suceden las edificaciones históricas, desde fortalezas góticas a modernos palacios como Ruccellai, Pitti, Strozzi y Médici-Riccardi.

Entre tal derroche de belleza, el Duomo merece una especial atención, con su delicado campanille decorado por Giotto y la magnífica cúpula construida por Brunelleschi, para la que tuvo que idear un sistema arquitectónico revolucionario. A principios del siglo XV la catedral gótica aún no estaba terminada y parecía que nadie se atrevería a acabarla, ya que las técnicas del momento convertían en imposible el intento de edificar una cúpula de las dimensiones que esta requería. Brunelleschi inventa máquinas y construye mecanismos que permiten construir una cúpula que se soporta a sí misma sin necesidad de utilizar cimbras durante su construcción, causando la admiración y el asombro de todos.

No es de extrañar que su siguiente encargo sea una obra de gran envergadura: la construcción de la iglesia de San Lorenzo. En este magnífico edificio Brunelleschi asocia con su extraordinario sentido estético todo lo aprendido en Roma durante años, midiendo y estudiando los edificios de la antigüedad clásica, y el resultado son las proporciones de un nuevo estilo arquitectónico regido por las matemáticas y el orden racional. La Rotonda de Santa María degli Angeli y la capilla Pazzi, junto a la grandiosa Santa Croce, iglesia gótica que sirve de panteón a las más ilustres personalidades florentinas, serían dos de sus realizaciones más logradas en ese sentido.

A Brunelleschi se debe también un descubrimiento de consecuencias importantísimas en el arte posterior: la perspectiva lineal, es decir, cómo todas las líneas paralelas convergen en un punto de fuga único situado en el horizonte. Cuando Masaccio aplicó este principio a su Trinidad hacia 1.427, los resultados fueron sorprendentes. Pintado sobre los muros de Santa María Novella, el fresco parece una capilla auténtica abierta en una de las paredes de la iglesia, con una bóveda de casetones, a la manera de los edificios romanos, sobre las cabezas de los personajes pintados, de rotundos volúmenes y perfectas vestiduras que caen sobre los cuerpos como si fueran objetos independientes.

Y hablando de la pintura del Renacimiento, cómo no dedicar unas breves líneas a los monumentos pictóricos dedicados por Botticelli al conocimiento esotérico, en su Nacimiento de Venus y su Primavera, que con tanta emoción he podido contemplar sobre las paredes de la Galería Uffizi, entre decenas y cientos de obras de arte. No por menos conocido hay que dejar de disfrutar tampoco de las obras maestras de la escultura florentina que se conservan en el Museo del Bargello, uno de mis museos preferidos en todo el mundo, o en el museo del Duomo. En este pequeño museo situado en una pequeña plaza tras la catedral, se conservan los paneles originales que componen las famosas puertas de bronce del Baptisterio, bautizadas por Miguel Ángel como “Puertas del Paraíso”, y que son obra maestra de Ghiberti, que ya había realizado las anteriores compitiendo para su realización con el propio Brunelleschi. La novedad de esta segunda serie, con temas extraídos del Antiguo Testamento, está en la disposición general en diez paneles rodeados de un friso de sibilas y profetas. Su dominio de la perspectiva es casi más sorprendente que el de Masaccio.

La factura de las “Puertas del Paraíso” inició una larga renovación de la escultura, desde los cánones estéticos del gótico internacional hasta las maravillosas y apasionadas realizaciones de Miguel Ángel. Luca de la Robia, Bandinelli, Cellini y Donatello entre otros, son los artífices principales de esta extraordinaria aventura que culmina en la sobrecogedora escultura del David que Miguel Ángel realizó para exhibirse en la plaza de la Signoria y que en la actualidad puede verse en la sala principal de la Galería de la Academia.

Sería innumerable relatar cuantas cosas más he podido admirar durante mis maravillosos encuentros con una de las ciudades más bellas del mundo: las tiendecitas de Ponte Vecchio, los pórticos de la Santa Annunziata, las maravillas egipcias y etruscas del Museo Arqueológico, las esculturas realizadas también por Miguel Ángel para el panteón de los Médici, los frescos de Fray Angelico en San Marcos, la loggia del Mercato Nuovo, las esculturas de Donatello y Ghiberti para la fachada de Orsanmichelle y un largo etcétera que no siendo exhaustivo, me ha obligado a volver una y otra vez a la ciudad que cambió el mundo y dio comienzo a la era moderna.
 
Autor: Juan Adrada.
Fuente: www.revistaesfinge.com

Milenio de la fundación de Almería - antecedentes y fundación de Almería

a) Bayyana, fundada por los yemeníes al fondo del estuario del Andarax

En abril de 711 el caudillo yemení Musa ibn-Nusayr, que era virrey del Norte de África en nombre del califaOmeya Al-Walid de Damasco, envió un ejército para intervenir en la lucha civil desatada por la sucesión en el reino de los visigodos. La tropa estaba formada por bereberes magrebíes y por yemeníes procedentes de la península arábiga, y la mandaba el general Tariq Benzema ibn Ziyad, que desembarcó en Tarifa, ordenó quemar sus naves y derrotó al rey don Rodrigo en Guadalete entre el 19 y el 26 de julio de ese año, iniciando la dominación musulmana en la península, que iba a durar ocho siglos.

Los yemeníes se extendieron rápidamente y un grupo de ellos vino al sureste, a la región que los romanos llamaron Bastetania, (habitada por los bástulos). Se establecieron al fondo del estuario del río Andarax, muy cerca de donde tres mil años antes estuvo el poblado calcolítico (perteneciente a la Edad del Cobre) de los Millares, fundando la ciudad de Bayyana (actual Pechina) como capital de la cora (o provincia) de Bedjala. Rápidamente se convirtió en una ciudad próspera, cuyo puerto era el centro del comercio marítimo del emirato de Córdoba.

 

Mapa de las Coras en las que se dividió el territorio del Emirato de Córdoba

 

El geógrafo Al Himyari (s. XIII) en sus “Crónicas Descriptivas de Al Andalus” habla del esplendor de Bayyana y de su puerto que, desde el año 822 debió constituirse en una república marítima comercial, es decir un estado independiente negociado por los marineros que lo utilizaban con los musulmanes del emirato.

b) La fundación de Almería por Abderramán III en 955

La dinastía Omeya fue depuesta del Califato de Damasco en el año 750 y el único superviviente de la familia Abderramán huyó al Norte de África, en el 755 cruzó el Mediterráneo, desembarcando en Almuñécar, y se hizo con el poder en Córdoba, donde se proclamó emir independiente de los abasíes de Bagdad. El octavo emir independiente fue Abderramán III que subió al poder el año 912 y se proclamó califa en el 929.

En el año 955 decidió que se ampliara el puerto de Bayyana trasladándolo a la desembocadura del Andarax para que se pudiera extender a todo el golfo comprendido entre la punta de Castel del Rey y el cabo de Gata. La idea era que se pudiera albergar en él toda la flota califal, compuesta por varios cientos de naves, sin afectar al importante tráfico comercial que ya tenía. En torno a este puerto y al pie de la fortaleza que lo defendía, se comenzó a construir la actual ciudad de Almería con planta califal, recinto amurallado y estatuto de medina.

c) La construcción de la Alcazaba
Sabemos (por el mismo Al Himyari) que se había construido una torre vigía (Al-mariyya) en la costa, para proteger el puerto de Bayyana. Desde ella se alertaba de la llegada de barcos enemigos, por lo que se situó en un promontorio de las últimas estribaciones de la Sierra de Gádor, desde el que se dominaba todo el golfo y gran parte del mar circundante. Cuando Abderramán III decide ampliar el puerto y sacarlo a la costa, se convierte la torre vigía en una gran fortaleza con capacidad para albergar una tropa suficiente que asegurara la defensa de la costa. Se trataba de un recinto amurallado de 43 has. en el que se podía alojar a más de veinte mil soldados. Esa fortaleza es nuestra Alcazaba.

Fuente: WWW.mileniodealmeria.es

NICOLAS COPERNICO

 Si Nicolás Copérnico hubiera nacido hoy, sería polaco. Como nació en 1473, fue prusiano. Su ciudad natal formaba parte de la Prusia ya desaparecida y hoy se integra en Polonia, pero, en cualquier caso, su nombre –en polaco (Mikolaj Kopernik) o en latín (Nicolaus Copernicus)– ha ido atravesando las puertas del tiempo.
Cuatro siglos y medio después de su muerte y después de haberle reservado un sitio de honor en la historia de la ciencia, hoy a la comunidad científica ya no le preocupa la veracidad o no de sus teorías o si estas atentan contra la fe –temas sobre los que ya decidieron hace tiempo–, sino si sus restos mortales están localizados y cómo era su apariencia física (alienaciones de cada época, sin duda).

Combinando en un mismo cóctel unos cabellos suyos que aparecieron en un libro que estaba en Suecia y unos huesos encontrados en la catedral de Frauenburg, donde murió, un grupo de científicos suecos y polacos nos ofreció, a finales de 2008, una foto desde el futuro del promotor de la teoría heliocéntrica del siglo XVI.
Nicolás Copérnico nació en una familia acomodada de comerciantes, pero la rueda de la fortuna le hizo pasar por el amargo trance de perder a su padre a los diez años, lo cual dejaba desvalida y sin medios de sustento a la viuda con cuatro huérfanos.

EL INVESTIGADOR REFLEXIVO

En este punto de la historia tenemos que hacer un sitio especial a su tío Lucas. Sin él, no sabemos si hubiera podido desarrollar su talento natural para la reflexión. Para empezar, la formación que obtuvo gracias a él difícilmente la hubiera podido conseguir de otro modo. Aquel serio canónigo, que más tarde sería obispo, acogió bajo su protección a la familia, proporcionando e impulsando la educación de Nicolás, el menor, que ya demostraba entonces una inclinación natural hacia el estudio y la investigación que hacía presagiar logros singulares.
Así pues, la misma Iglesia que luego le condenaría al ostracismo prohibiendo la difusión de sus teorías fue, indirectamente, la que le permitió instruirse y olvidarse de las preocupaciones materiales, dedicando toda su energía a sus especulaciones.

El mismo año que Colón descubría América y abría las puertas de un mundo desconocido para Europa, Copérnico iniciaba su andadura en la universidad de Cracovia para completarla más tarde en las mejores universidades europeas de la época. Florencia, Padua, Ferrara, Bolonia, París y Roma fueron los destinos universitarios que le otorgaron una sólida formación, acorde con el espíritu humanista que se respiraba en Italia.

ESPÍRITU HUMANISTA
Aprendió latín y griego para leer los textos originales de los autores clásicos, pero también, matemáticas, astronomía, geografía, filosofía, medicina y derecho. Como buen renacentista, sus quehaceres abarcaban disciplinas muy diversas. Fue matemático, astrónomo, médico, jurista, gobernador, jefe militar, diplomático y economista. En varias ocasiones demostró sus habilidades como cartógrafo realizando importantes mapas, que se destinaron a fines políticos y administrativos y sirvieron de base para otros posteriores. Completaban sus habilidades las de pintor y poeta. El estudio de los clásicos resultó decisivo en su obra. Tradujo al latín obras rescatadas del griego, que fueron publicadas en Cracovia.
Cuando falleció su tío, fijó su residencia en Frauenburg como canónigo que era de allí, aunque hay discrepancias en cuanto a si se ordenó o no sacerdote. Lo que sí es seguro es que las torres de Heilsberg, Allenstein y Frauenburg, los lugares donde residió, se convirtieron en oportunos observatorios astronómicos, que no le impidieron, por otra parte, desplegar una amplia actividad en otros campos.

Ejerció como médico durante seis años en Heilsberg, ofreciendo gratuitamente sus conocimientos a los pobres, y desplegó sus dotes de estratega militar defendiendo con éxito Allenstein en la guerra. Después, fue designado oficialmente para  reconstruir el distrito cuando se estableció la paz.
Como parte del plan de restauración preparó una reforma monetaria motivada por el aumento de la circulación de moneda falsa, y solucionó el problema de las tierras fronterizas –arrasadas y sin cultivar–, incentivando a los colonos con ganado y semillas para la siembra gratis. Sus medidas dieron el resultado apetecido y se ganó el respeto general y la honra de sus contemporáneos.
También fue conocida su fama como astrónomo, pues sabemos que el papa León X le pidió consejo cuando el V Concilio de Letrán decidió iniciar la reforma del calendario juliano entonces vigente, que se materializaría con Gregorio XIII casi un siglo después. Pero Copérnico tenía todavía tenía algo muy importante que legar a la posteridad.

SU APORTACIÓN ASTRONÓMICA
Fue en 1609 cuando cayó en manos de Galileo un peculiar objeto que se vendía entonces en Venecia como juguete y que, en manos de este genial astrónomo, se convirtió en un telescopio perfeccionado. Cien años antes, Copérnico no contaba con la ayuda inestimable de este instrumento. Sus investigaciones se basaron principalmente en el estudio de los filósofos griegos que ofrecían referencias sobre el movimiento terrestre y la disposición de los astros, especialmente Aristarco de Samos y los pitagóricos.
Aunque los occidentales actuales hemos considerado a Copérnico uno de los padres de la astronomía moderna, no debemos olvidar que la visión heliocéntrica de nuestro sistema solar (un sol y planetas que giran a su alrededor) no nació con él. Muchos pueblos la conocieron y la transmitieron en sus escritos desde hace milenios. Sin embargo, esto no le quita ningún mérito. Copérnico tuvo que vivir en la “puerta de salida” de una férrea Edad Media en la que estaba prohibido pensar por cuenta propia, sobre todo en lo que se refería a cómo estaba ordenado el mundo. De eso ya se encargaban la fe y sus representantes. Él consiguió que se volvieran a aceptar (aunque después de su muerte) teorías rechazadas por el “sentido común” y, a diferencia de lo que se conocía entonces, consiguió estructurar su hipótesis coherentemente y sostenerla con cálculos matemáticos.

 Copérnico pasó veinticinco años trabajando en su modelo heliocéntrico del universo. Su obra maestra, “De revolutionibus orbium coelestium” (Sobre las revoluciones de las esferas celestes) vio la luz el mismo mes de su muerte en 1543, aunque las ideas básicas que contiene circularon años antes en un breve manuscrito de gran claridad, que se divulgó sin firma, aunque su autor era conocido.

Lo interesante de este opúsculo es que Copérnico ofrece siete postulados que, aunque no sean evidentes por sí mismos, le servirán para fundamentar sus conclusiones, previniendo al lector de que las demostraciones matemáticas las reserva para su obra futura más detallada.

Presupone que no hay ningún centro en el universo; que la Tierra no es el centro del universo; que el centro del universo está cerca del Sol; que la distancia de la Tierra al Sol es minúscula si la comparamos con la distancia a las estrellas; que la rotación de la Tierra explica el aparente movimiento diario de las estrellas; que el aparente movimiento anual del Sol está causado porque la Tierra gira a su alrededor; y que es también el movimiento de la Tierra el que explica el aparente movimiento retrógrado de los planetas.
Copérnico pensó que si la Tierra fuera en realidad el centro del sistema, ningún planeta debería hacer retrocesos, y Venus y Mercurio deberían situarse a veces lejos del Sol, cosa que nunca ocurre. En cambio, utilizando un sistema con el Sol en el centro, Venus y Mercurio se ven cerca del Sol porque en realidad están más cerca del Sol, y los planetas dan algunas veces la sensación de moverse hacia atrás porque la Tierra los adelanta en su continuo girar alrededor del Sol. “Por tanto, el Sol no es llamado equivocadamente por algunos la lámpara del universo, por otros su mente, y por otros su gobernador”, dice en De revolutionibus..

Tal vez no hubiéramos tenido noticia de tan importantes conclusiones si no hubiera sido por Rheticus, un joven profesor de la universidad de Wittemberg cuya admiración por Copérnico le llevó a convertirse en su discípulo.

Aunque trabajaba con dedicación en su obra principal, Copérnico no estaba convencido de querer editarla, ya que suponía una ruptura con la concepción religiosa aceptada entonces, pero alentado por la acogida que recibieron dos pequeños tratados que contenían sus ideas publicados por Rheticus, al final se decidió. El fiel seguidor no pudo supervisar el proceso de impresión de “De revolutionibus”, el fruto de tantos esfuerzos de su maestro, y lo puso en manos de Osiander, que cambió sutilmente el título y sustituyó el prefacio original de Copérnico por una carta suya al lector sin firmar, en la que afirmaba que lo contenido en el libro solo era una forma más simple de calcular las posiciones de los cuerpos celestes y no tenía que ser tomado como verdadero. No podemos valorar si este engaño, revelado públicamente por Kepler cincuenta años después, sirvió para que el libro fuera leído y no inmediatamente condenado.

Sin Copérnico no hubiéramos tenido un Galileo o un Kepler, o por lo menos, no hubieran ellos encontrado un base desde la que lanzarse a mucho más arriesgadas teorías astronómicas. Todos los caminos de la investigación conducían a Copérnico. Ellos pudieron comprobar mediante observaciones directas las conclusiones de la teoría heliocéntrica. Ciento cincuenta años más tarde, la teoría de la gravitación universal de Newton corroboraba nuevamente la tesis copernicana.

Copérnico cumplió así una función crucial como inspirador para los científicos que le sucederían, repitiendo en la Historia otra vez el mismo papel que todos los buscadores de la verdad desempeñaron pavimentando el camino por el que tenían que pasar las generaciones posteriores.