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No podríamos decir que nuestro tiempo es el peor de todos, pero tampoco el mejor; es sencillamente nuestro tiempo, el que nos ha tocado vivir. Tiene cosas buenas y cosas malas, como todos. Lo curioso es que donde está lo positivo, aparece su sombra como elemento negativo. Las comunicaciones han progresado en una medida extraordinaria; es posible hablar con cualquier persona de cualquier parte del mundo en cualquier momento y a precios, a veces, irrisorios. Pero, por otro lado, la comunicación con el que tenemos al lado se bloquea hasta extremos increíbles, de modo que nuestra soledad crece de día en día y nuestro aislamiento se enquista en nuestra forma de ser. En lo social existe una libertad desconocida hasta el presente; se puede opinar de todo y de todos, nos podemos vestir casi como queramos… y, en teoría, vivir del modo que nos guste. Pero, la verdad es que existe una presión mediática solapada de lo que es correcto y lo que no, de la cual es difícil librarse. Sí, parece mentira, pero lo que está “bien visto” y lo que está “mal visto” por nuestro entorno pesa más de lo que creemos y condiciona muchos actos que son libres en teoría. Nos hemos librado de presiones y dogmatismos religiosos, porque el gran impacto que hace años tenían en nuestra sociedad ha desaparecido para la mayoría de la gente; en cambio, nos hallamos un poco perdidos en ese mundo interno de la trascendencia y la vida interior. Sí, Dios se ha retirado de nuestra vida, junto con sus sacerdotes y mandamientos, pero nos cabe una pregunta:¿qué lo ha sustituido? ¿No será otra forma de “dios”, sacerdotes y mandamientos?; y si es así…¿quiénes son? Podríamos seguir analizando los rasgos de nuestro tiempo, y probablemente en todos encontraríamos luces y sombras. Para esto necesitamos un poco de filosofía, para ver con objetividad y poder tomar nuestra determinación vital con la mayor libertad posible. Porque filosofía no es solo darle vueltas a la cabeza para terminar mareado y/o asqueado o autoalucinado de la vida. Todo lo contrario; es encontrar respuestas que nos sean útiles a nosotros y, seguramente, útiles para los que nos rodean. Adoptamos la filosofía como la más natural actitud del hombre frente a la vida y a sí mismo; hay un filósofo que duerme en el interior de cada hombre y que puede despertar; no tiene prejuicios, es naturalmente libre y, seguramente, sería el mejor consejero para enfocar nuestra vida con un poco más de felicidad y autenticidad.
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