| KHALIL GIBRAN |
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Sobre el AmorCuando el amor os llame, seguidlo. Y cuando su camino sea duro y difícil. Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada entre ellas escondida os hiriera […]. El amor no da nada más a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo. El amor no posee ni es poseído. Porque el amor es suficiente para el amor. Cuando améis no debéis decir: «Dios está en mi corazón », sino más bien: «Yo estoy en el corazón de Dios». Sobre el Dar Dais muy poca cosa cuando dais de lo que poseéis. Cuando dais algo de vosotros mismos es cuando realmente dais […]. Es bueno dar algo cuando ha sido pedido, pero es mejor dar sin demanda, comprendiendo. Y, para la mano abierta, la búsqueda de aquel que recibirá es mayor goce que el dar mismo. ¿Y hay algo, acaso, que podáis guardar? Todo lo que tenéis será dado algún día. Decís a menudo: «Daría, pero sólo al que lo mereciera». Los árboles en vuestro huerto no dicen así, ni lo dicen los rebaños en vuestra pradera. Ellos dan para vivir, ya que guardar es perecer. Todo aquel que merece recibir sus días y sus noches, merece, seguramente, de vosotros todo lo demás. Y aquel que mereció beber el océano de la vida, merece llenar su copa en vuestro pequeño arroyo. Sobre el Trabajo Trabajáis para seguir el ritmo de la tierra y del alma de la tierra. Porque estar ocioso es convertirse en un extraño en medio de las estaciones y salirse de la procesión de la vida, que marcha en amistad y sumisión orgullosa hacia el infinito. Cuando trabajáis, sois una flauta a través de cuyo corazón el murmullo de las horas se convierte en música. ¿Cuál de vosotros querrá ser una caña silenciosa y muda cuando todo canta al unísono? Se os ha dicho siempre que el trabajo es una maldición y la labor una desgracia. Pero yo os digo que, cuando trabajáis, realizáis una parte del más lejano sueño de la tierra, asignada a vosotros cuando ese sueño fue nacido. Y, trabajando, estáis, en realidad, amando a la vida. Y amarla, a través del trabajo, es estar muy cerca del más recóndito secreto de la vida. Sobre la Libertad Seréis, en verdad, libres, no cuando vuestros días estén libres de cuidado ni vuestras noches de necesidad y pena. Sino, más bien, cuando esas cosas rodeen vuestra vida y, sin embargo, os elevéis sobre ellas desnudos y sin ataduras. Y, ¿cómo os elevaréis más allá de vuestros días y vuestras noches a menos que rompáis las cadenas que, en el amanecer de vuestro entendimiento, atasteis alrededor de vuestro mediodía? Sobre el Dolor Vuestro dolor es la ruptura de la celda que encierra vuestra comprensión. Así como la semilla de la fruta debe romperse para que su corazón se muestre al sol, así debéis vosotros conocer el dolor […]. Mucho de vuestro dolor es elegido por vosotros mismos. Es la porción amarga con la que el médico que hay dentro de vosotros cura vuestro ser enfermo. Por tanto, confiad en el médico, y bebed el remedio en silencio y tranquilidad; porque su mano, aunque dura y pesada, guiada está por la tierna mano del Invisible. Y el vaso con que brinda, aunque queme vuestros labios, ha sido moldeado de la arcilla que el Alfarero ha humedecido con sus propias lágrimas sagradas. Sobre el Tiempo Lo eterno en vosotros es consciente de la eternidad de la vida. Y sabed que el ayer es sólo la memoria del hoy y el mañana es el ensueño del hoy. Y que aquello que canta y medita en vosotros mora aún en los límites de aquel primer momento que esparció las estrellas en el espacio. ¿Quién de entre vosotros no siente que su capacidad de amar es ilimitada? Y, a pesar de ello, ¿quién no siente ese mismo amor, aunque sin límites, rodeado en el centro de su ser y no moviéndose sino de un pensamiento de amor a otro pensamiento de amor, ni de un acto de amor a otro acto de amor? ¿Y no es el tiempo, como es el amor, indivisible y sin etapas? Pero si, en vuestro pensamiento, debéis medir el tiempo en estaciones; que cada estación encierre todas las otras estaciones. Y que el hoy abrace al pasado con remembranza y al futuro con ansia. Sobre la Belleza La Belleza es […] un corazón ardiente y un alma encantada, […] una imagen que veis cerrando los ojos y una canción que oís tapándoos los oídos, […] un jardín siempre en flor y una bandada de ángeles volando eternamente. […] la Belleza es la vida, cuando la vida descubre su sagrado rostro. Pero vosotros sois la vida y vosotros sois el velo. La belleza es la eternidad que se contempla a sí misma en un espejo. Pero vosotros sois la eternidad y vosotros sois el espejo. Sobre la Muerte Desearíais saber el secreto de la muerte. ¿Pero cómo lo encontraréis a menos de buscarlo en el corazón de la vida? El mochuelo, cuyos ojos atados a la noche son ciegos en el día, no puede descubrir el misterio de la luz. Si, en verdad, queréis contemplar el espíritu de la muerte, abrid de par en par vuestro corazón en el cuerpo de la vida. Porque la vida y la muerte son una, así como el río y el mar son uno también. En el arcano de vuestras esperanzas y deseos, reposa vuestro conocimiento silencioso del más allá: y, como las semillas soñando bajo la nieve, vuestro corazón sueña con la primavera. Confiad en los sueños, porque en ellos el camino a la eternidad está escondido. Vuestro miedo a la muerte no es más que el temblor del pastor cuando está en pie ante el rey, cuya mano va a posarse sobre él como un honor. ¿No está, acaso, contento el pastor, bajo su miedo de llevar la marca del rey? ¿No lo hace eso, sin embargo, más consciente de su temblor? |
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