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 Hace ya muchos años asistí a la proyección de una super-producción cinematográfico llamada “La caída del Imperio Romano”.
Aunque por razones que desconocemos, en la filmación de marras se hace aparecer a Timócrates como un converso cristiano, históricamente sabemos que era un estoico, un filósofo que asesoraba a Marco Aurelio de la misma manera que el filósofo Séneca asesoró, mientras pudo, al Emperador Nerón.
Dado su peso histórico en ese momento tan crucial para Occidente, es interesante tener una idea sencilla pero firme de quiénes eran estos estoicos y qué podemos extraer de sus enseñanzas. La fundación de esta Escuela de Filosofía, hijo de un mercader, que leyó las obras de los filósofos socráticos y grandemente atraído por estas disciplinas, oyó cuidadosamente las enseñanzas de los Cínicos. Sintiendo repugnancia por ciertas desviaciones intelectualistas en que habían caído los Cínicos, decidió expresar sus propios pensamientos en las galerías del mercado y más exactamente en la puerta o “Estoa”; de allí vendría la denominación de “Estoicos” con que se les conoció más tarde.
Zenón logró tanto éxito que poderosos reyes de su época, como Antígono y Ptolomeo Filadelfia, lo reclamaron como asesor en asuntos de Estado, pero éste rechazó esas honrosas oportunidades. Tan singular personaje desarrolló una Filosofía basada en la búsqueda directa de la Realidad, pero no una Realidad tan sólo óntica y metafísica, sino una Realidad que se refleja y anida en todas las cosas y que da a luz la Fuerza, el Movimiento y la Naturaleza toda. Dios era denominado como "El Alma del Mundo" y en El estarían inmanentes todas las cosas.
Para los estoicos el Hombre es fundamentalmente un Individuo que tan sólo madurando se convierte en verdadero Ciudadano. Esto fuerza a entender al Hombre como a toda la Humanidad, más allá de todas las fronteras y acondicionamientos. El Hombre de los estoicos es fundamentalmente libre, pero con una Libertad Natural que no es amiga sino enemiga de las esclavizadoras pasiones.
La filosofía estoica divide las cosas en aquellas que dependen de nosotros y aquellas que no dependen de nosotros. Las que dependen de nosotros pueden ser las opiniones, los movimientos, las reacciones, el valor, la dignidad, el desarrollo de la inteligencia y de las virtudes, el ejercicio de la voluntad. Las que no dependen de nosotros son los cuerpos, los bienes, las dignidades, el entorno, la Naturaleza, el Destino. Los obstáculos serios que encontramos en la vida devendrían en buena parte de no hacer una real diferenciación entre las cosas y no atinar a manejarlas con justicia y justeza. Si cada uno tomase de la vida tan sólo lo que le pertenece, y considerase extraño a él lo que de él no depende, muchas situaciones angustiosas se superarían fácilmente.
Decía el famoso estoico Epícteto: "Aunque yo soy cojo, constituye esta falta un obstáculo para mi cuerpo, que no depende de mi, pero no para mi voluntad".
La voluntad libre y pura, de acuerdo con la Naturaleza, es para el Estoicismo, el "principio fecundo" de toda Moral. Los estoicos insisten en que la Moral no debe ser abstractamente intelectualizada, sino una forma de vivencia cotidiana. El sabio es el que puede comprender y marchar al ritmo de "Aquello que todo lo produce". No niega la realidad del objeto, sino que se apoya en él para realizar su Ser. Si el sabio llega a este estado, deja de ser "esclavo" y se convierte en "libre". Pero debe entender la "necesidad de las cosas"; doctrina de la "necesidad" de la marcha del Universo, que por otra parte sostienen las Escuelas de Misterios de la antigüedad y los verdaderos esoteristas de todos los tiempos. El Tiempo marcha y nos somete a sus ciclos; pero el Tiempo es necesario para la purificación y la conciencia de la propia inmortalidad natural, sin obligatoriedad de creer adquirirla a través del sometimiento a ninguna forma de Fe, Religión o Secta. La "razón del sabio" es para el Estoicismo, el conciliar amablemente y sin desplantes la propia libertad con la obediencia a la Ley Natural. Siendo la razón patrimonio de todos los hombres, aunque expresada en diferentes grados de actualización, la Humanidad está formada por todos los hombres y mujeres sin excepción. De allí que se rechace todo egoísmo y se recomienden las acciones generosas, que beneficien a todos. Al respecto decía Cicerón: "Charitas generis humani... Civis suum totius mundi". Este pensamiento recoge el cosmopolitismo de los estoicos. Así, las Normas Morales, dejarían de ser humanas para convertirse en universales; el Estoicismo recomienda referirse siempre a la "Obra entera" y a la Vida que une al Todo. Así, la virtud es en sí misma, y no un mero medio para lograr cosas, en éste o en otro mundo. (Este concepto está muy por encima, obviamente, al actualmente sostenido por el capitalismo y el marxismo).
El Estoicismo proclama algo que mucho antes había sido escrito en el Mahabharata hindú, en aquel trozo que es su corazón, el Bhagavad Gita: la obra se debe hacer rectamente, por ética y estética espiritual, y no por lo que nuestra obra nos recompense. Es de "comerciantes", en el peor sentido de este concepto, el actuar de manera interesada.
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