Café filosófico sobre los idealistas PDF Imprimir E-Mail

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Idealistas: ¿Una especie en extinción?
Todos hemos sido idealistas. Pero ¿es el idealismo una etapa de la vida, una fase de la juventud que no acepta el mundo en que vive y quiere cambiarlo? ¿Se gasta el idealismo, o por el contrario es un despertar de la propia conciencia, un abrir los ojos al desafío de vivir determinadas ideas que se han asumido como propias, a actuar con coherencia, a practicar, a vivir unos ideales?
Es duro ser idealista. Son pocos los que entienden y aprueban la manera de ver la vida, de afrontar las circunstancias del idealista. Vivir un ideal artístico, científico, filosófico, suele encontrar incomprensión, pero ¿le quita eso valor o acierto a las ideas que aceptamos y tratamos de vivir o al contrario, nos hace singulares?
Ciertamente ser idealista requiere de juventud, pero no siempre de la juventud física, sino de la que tiene fuerza y vigor para tratar de desarrollarse como ser humano, de la que se preocupa por el desarrollo de los demás, de la que ayuda activamente.
El idealista es un hombre de acción, no un fantasioso; es seguro, confía en si mismo; es coherente pues vive lo que aprende; le gustan los desafíos; es ambicioso y ama profundamente.
Tal vez para este siglo XXI debamos sumar a la palabra idealista la palabra voluntario. Tal vez sean el alma y las manos del mismo ser.

 
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